Cocaína, poder y camastros: Scarface vive en el Fontainebleau Miami Beach
- Mad Publishing
- 20 ene
- 2 Min. de lectura
Por Ángel Méndez
Miami, 1983. Palmeras perfectamente peinadas, trajes blancos que no perdonan manchas y autos que rugen como si también quisieran dominar el mundo. En medio de ese delirio soleado, el Fontainebleau Miami Beach no solo fue un hotel: fue el escenario del ascenso y la caída de Tony Montana, el antihéroe definitivo de Scarface.
Este gigante frente al mar, con sus suites de fantasía, piscinas infinitas y salones que todavía huelen a glamour ochentero, encajó perfecto con la narrativa del exceso. Aquí todo era grande, brillante y desmedido, justo como la ambición de Tony. Brian De Palma no eligió este lugar al azar, el Fontainebleau es el reflejo arquitectónico del “más es más”, un templo al ego, al dinero rápido y a la fiesta sin freno.

Caminar por sus pasillos es como colarse en una escena que nunca terminó de rodarse. Entre mármoles, luces dramáticas y vistas al Atlántico, uno casi espera escuchar un “Say hello to my little friend” saliendo de alguna suite. Más que una locación cinematográfica, el hotel se convirtió en un ícono cultural, símbolo de una Miami que vendía sueños dorados… aunque muchos terminaran oxidados.

Hoy, el Fontainebleau sigue siendo sinónimo de lujo, pero también de nostalgia descarada. Es el lugar perfecto para entender por qué los 80 fueron una década donde nadie conocía la palabra “suficiente”.

Tip Cooltrip:
Date una vuelta por la piscina principal y piérdete un rato en el lobby. Los contrastes de luz, el diseño y la vibra te lanzan directo al universo Scarface. Spoiler: no necesitas cocaína ni un imperio criminal para sentirte parte de la historia… solo buen ojo y ganas de ver Miami sin filtro.
En Cooltrip viajamos a los lugares donde la ficción, el exceso y la realidad chocan.




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