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Cuando el alberca se convirtió en trinchera: la protesta que desnudó el racismo en Florida

El 18 de junio de 1964, en St. Augustine, Florida, una piscina de hotel se convirtió en el escenario de una de las imágenes más brutales —y simbólicas— del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. James Brock, dueño del hotel Monson Motor Lodge, caminó hasta el borde de la alberca donde un grupo de activistas negros y blancos realizaba una protesta pacífica contra la segregación. Sin decir palabra, volcó ácido muriático sobre el agua. “Los voy a quemar a todos”, gritó. Nadie se movió.

La escena quedó registrada por fotógrafos de prensa y recorrió el mundo en cuestión de horas. No hubo heridos graves, pero el mensaje fue demoledor: la defensa de la segregación podía llegar al extremo de poner vidas en riesgo. El suceso ocurrió apenas una semana después de que Martin Luther King Jr. fuera arrestado en el mismo hotel por intentar almorzar en su restaurante segregado. Desde la cárcel, King había llamado a líderes religiosos y activistas a sumarse a la campaña en St. Augustine, un epicentro del racismo en pleno siglo XX.



UNA PISCINA COMO FRENTE DE BATALLA

Los manifestantes —entre ellos JT Johnson y Mamie Nell Ford— ingresaron pacíficamente a la piscina, prohibida para personas negras. Su sola presencia bastaba para denunciar ante las cámaras la arbitrariedad del sistema. Tras el ataque con ácido, la policía irrumpió y los retiró por la fuerza. En paralelo, 17 rabinos que apoyaban la protesta fueron arrestados, en la mayor detención de líderes religiosos judíos en la historia del país.

Las fotos del ácido cayendo al agua se convirtieron en símbolo mundial del racismo institucional y del coraje de una protesta no violenta. St. Augustine no fue elegida al azar: como ciudad turística dependiente de visitantes del norte y próxima a celebrar su 400 aniversario, era el escenario perfecto para exponer el contraste entre su legado histórico y una realidad de segregación feroz.


 

EL IMPACTO INMEDIATO

Días después del episodio, el Congreso aprobó la Ley de Derechos Civiles de 1964, que prohibía la segregación en lugares públicos. En St. Augustine, la transición fue caótica. El Monson Motor Lodge fue obligado por la justicia a integrarse y el Ku Klux Klan reaccionó con violencia. El hotel fue atacado con explosivos y Brock terminó en bancarrota al año siguiente.

El edificio fue finalmente demolido, pero en el sitio aún queda una placa conmemorativa. No celebra un lugar: recuerda un límite moral que jamás debió cruzarse —y el poder de una fotografía para acelerar el fin de un sistema injusto.

Porque aquel día de 1964, en una piscina cualquiera de Florida, el agua se volvió un espejo: reflejó la crudeza del racismo… y la dignidad inquebrantable de quienes lo enfrentaron sin levantar un puño.

 
 
 

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