Honda Odissey: 1a clase, pero sobre 4 ruedas
Por Pepe Treviño
Después de tantos vuelos, aprendí que la primera clase no empieza cuando despegas. A veces empieza cuando cierras la puerta de una camioneta y todo queda en silencio.
Eso fue lo primero que pensé al manejar la Honda Odyssey: una cabina amplia, cómoda y bien organizada que hace que un trayecto cotidiano se parezca un poco más a viajar en primera clase. Y cuando tienes una familia numerosa, créeme, eso importa.

Entre juntas, aeropuertos, escuela, actividades, maletas y todo lo que implica mover a una familia completa, necesito un vehículo que responda como yo: sin dramas y con todo bajo control. La Odyssey tiene un motor V6 de 3.5 litros con 280 hp, transmisión automática de 10 velocidades y una conducción suave para una camioneta de este tamaño.
PERO EL VERDADERO LUJO ESTÁ ADENTRO.
Los asientos Magic Slide de la segunda fila permiten reorganizar el espacio según las necesidades de cada pasajero. Las puertas corredizas eléctricas hacen mucho más fácil subir a los niños, las mochilas, las bolsas y todo lo que inevitablemente acompaña a una familia numerosa. Y hay espacio suficiente para que cada quien tenga su propio lugar sin convertir cada trayecto en una negociación.
La tecnología también está pensada para hacer más llevadero el viaje: pantalla táctil de 9 pulgadas, Apple CarPlay y Android Auto inalámbricos, conectividad USB y, según la versión, un sistema de entretenimiento trasero con pantalla de 12.8 pulgadas.

Pero es cuando empiezas a sumar los detalles cuando entiendes esa sensación de primera clase. El sistema de audio Premium de 11 bocinas con subwoofer llena la cabina de música, mientras el quemacocos eléctrico de tres posiciones aporta luz y aire. Los asientos cómodos, el espacio y el aislamiento acústico terminan de completar una cabina en la que viajar se vuelve parte de la experiencia.

También está Honda Sensing, con diferentes sistemas de asistencia a la conducción, además del aislamiento acústico y la cancelación activa de ruido, que ayudan a mantener el exterior lejos de la conversación.
Al final, la comparación con un avión resulta bastante natural. La diferencia es que aquí no hay turbulencias, no tienes que apagar el teléfono y, sobre todo, tú decides hacia dónde vuela la familia.
La diferencia es que aquí yo soy el piloto.
Y mi tripulación, aunque bastante más ruidosa que la de cualquier vuelo comercial, siempre termina preguntando lo mismo:
“¿Ya llegamos?”




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