top of page

Crónica de una torta ahogada que nunca debió existir

Por Pepe Treviño


Dicen que en Guadalajara no hay mala torta ahogada. Mentira. En La Playita probé una que debería venir con advertencia sanitaria y quizá una denuncia penal. El bolillo estaba tan seco como una promesa de político en campaña: absorbió la “salsa” como esponja resignada… y aun así no sabía a nada. Ni jitomate, ni picante, ni alma. Era agua roja con culpa, una simulación líquida del concepto salsa.



Las carnitas llegaron tibias y tímidas, como si tampoco quisieran involucrarse en el crimen. El frijol brilló por su ausencia. La cebolla parecía cortada con rencor personal. ¿Y el chile? Nunca apareció. Ahogada no estaba: aquí se ahogó la idea misma de la torta ahogada, ese platillo sagrado que en Jalisco no se improvisa.

Me la comí por disciplina periodística, por orgullo y porque rendirse no es opción… y porque tenía hambre. Salí con sed, confusión existencial y la certeza absoluta de que alguien está usando el nombre “torta ahogada” sin licencia. Guadalajara merece mejores defensores de su cocina. Esto no fue tradición: fue negligencia gastronómica.

Comentarios


No te pierdas nuestros viajes y mal viajes, suscríbete a nuestro NL

  • Black Facebook Icon
  • Black Instagram Icon
  • Black YouTube Icon

CoolTrip 2026

Enrique Wallon 417, Col. Rincón del Bosque, CDMX

T.558530.8188

bottom of page