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Un encuentro etílico, elegante, en Polanco me enseñó que el brandy sigue siendo cool

Por Pepe Treviño

 

Hay algo muy peligroso en recibir una invitación por parte de Torres para disfrutar de buena comida y convivir con otras personas que también son apasionadas del buen trago y la buena mesa.

Se trató de un evento llamado Art of Pairing by Sylvestre, un encuentro gastronómico para disfrutar de un maridaje de 5 platillos con una serie de cocteles preparados con destilados Torres.

Empezamos hablando de trabajo y pronto comenzó a cambiar el ambiente, justo cuando el chileno Cristobal Cofré, ambassador global de Torres tintineo una copa para presentarnos las bebidas que íbamos a probar, a maridar.

Comenzamos con un pequeño jugo de carne como cortesía, que sabía a gloria, perfecto para comenzar a babear con morbo.

Inmediatamente comenzó la magia etílica al maridar una tostada de aguachile de filete de con el coctel Alta Luz Mango Spicy, preparado con brandi cristalino Alta Luz, jugo de limón, jarabe de mango y clara de huevo… un trago muy refrescante, con una textura onda pisco sour.

La batalla golosa continuó con un trio de empanaditas acompañadas con salsa chimichurri la mexicana, la arriera. No pude negarme a pedir otro Alta Luz Mango Spicy y volverme a conectar con el mundo de la coctelería que había olvidado un poco, me había -tiempo pasado- un bebedor purista. Pero esta vez me reconcilié con ese universo llamado mixología.


 

Llegó la hora de la proteína y las cosas se pusieron emocionalmente difíciles. Había dos caminos posibles: un robalo con mantequilla de habanero o un lomito de res con tuétano ahumado al carbón que prácticamente te miraba desafiándote a pedirlo.

La indecisión ya estaba afectando la dinámica de la mesa.

Mariano Ramos, director de Sylvestre y anfitrión de la tarde, intentó ayudarnos… pero tampoco pudo elegir uno. Era como preguntarle a un papá cuál es su hijo favorito, solo que aquí ambos hijos venían bañados en mantequilla y humo.

Fui por el lomito, que venía acompañado por una salsa gravy tan espesa, poderosa y pecadora como la gula

Para acompañar el plato, el ambassador Cristóbal Cofré apareció con un Brandy Sidecar preparado con Torres 15, licor Magdala, jugo de limón y lima, jarabe natural y cáscara de naranja.


Un coctel elegante, cítrico y peligrosamente tomable, de esos que te hacen sentir sofisticado aunque ya estés hablando demasiado fuerte en la mesa.

La historia también tiene lo suyo: según la teoría más popular, el Sidecar nació en París alrededor de 1920, inspirado en un capitán estadounidense que llegaba a beber en motocicleta con sidecar durante la Primera Guerra Mundial. Básicamente: caos histórico convertido en coctel fino.



El cierre goloso llegó en forma de churros con dulce de leche, porque claramente nadie en esa mesa tenía intención de irse temprano ni de tomar decisiones saludables.

El postre venía maridado con un Cacao Metropolitan, preparado con Torres 15, Casals vermouth, solución salina y licor de cacao. Básicamente un abrazo alcohólico sabor postre sofisticado, con una ADN “mexargentina”.

Y por si la tarde todavía no se salía suficiente de control elegante, apareció un espresso con la posibilidad de vertirlo en el coctel para convertirlo en carajillo. Porque en México el café nunca llega solo: siempre trae malas decisiones Premium incluidas.

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