El negocio del miedo: titulares vs realidad
- Mad Publishing
- 12 abr
- 2 min de lectura
Por Pepe Treviño
No salgas de viaje, quédate en casa, es peligroso, esos son los consejos de los viajeros que han decidido rendirse ante el crimen organizado. Y es que los encabezados de muchos medios de comunicación no pueden callar lo que no se puede, específicamente en temas de inseguridad, de violencia… pero también, seamos claros, los títulos amarillistas venden bien, se capitalizan, si las empresas editoriales, los “periodistas” independientes o “influencers” saben cómo politizar cualquier mensaje para sacarle provecho a la noticia. Así ocurrió tras el abatimiento de “el Mencho” en Tapalpa, Jalisco. En cuestión de horas, el discurso escaló: advertencias generalizadas, mapas alarmistas y la sensación de que viajar a México era, de pronto, una mala idea.
Pero en el terreno real, la historia fue distinta.
Mientras el ruido crecía, en Puerto Vallarta y la Riviera Nayarit la operación turística continuó. Hubo afectaciones momentáneas, sí, pero también una recuperación inmediata. Hoteles abiertos, restaurantes operando, vuelos reactivándose. La industria hizo lo que mejor sabe hacer: seguir funcionando.
En paralelo, regresó el eco internacional. Alertas, comparaciones, juicios rápidos. Pero aquí vale la pena poner contexto —porque la conversación rara vez es pareja.
En Estados Unidos, el propio sistema migratorio enfrenta cuestionamientos severos: solo en 2025 se registraron más de 30 muertes bajo custodia del ICE, la cifra más alta en dos décadas, y en lo que va de 2026 ya suman al menos 14 fallecimientos en centros de detención, contra civiles estadounidenses y latinos inmigrantes, por igual. A esto se suman reportes de violaciones a estándares, condiciones deficientes y falta de atención médica adecuada dentro de instalaciones migratorias

El contraste es inevitable.
Mientras la narrativa externa insiste en posicionar a México como territorio de riesgo -que tienen mucho de cierto-, millones de viajeros siguen llegando a destinos como Puerto Vallarta y Riviera Nayarit sin que su experiencia corresponda a ese discurso.
Y entonces entra el dato duro que rompe la conversación.
En el mes de febrero se llevó a cabo el evento Gala Puerto Vallarta–Riviera Nayarit un encuentro de la industria de los viajes donde se mueve el negocio del turismo en el Pacífico mexicano. Durante unos días, 750 profesionales del turismo internacional, entre hoteleros, mayoristas, aerolíneas y socios internacionales se sentaron para atender a lo que realmente importa: vender noches de hotel, negociar rutas y definir cómo —y hacia dónde— se va a viajar en las próximas temporadas. Ahí está la diferencia clave: la percepción se construye desde fuera; la experiencia se valida en sitio. Así lo comprobé durante mi visita.
Porque al final, ni los titulares ni las narrativas importadas definen un destino. Lo hacen su operación, su infraestructura y, sobre todo, la confianza sostenida de quienes lo viven.




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