GEMA: CINCO DÍAS PARA VOLVER A SAN MIGUEL DE ALLENDE
Actualizado: hace 2 días
Por Luis Menchaca
Otro festival, otra lista de chefs famosos, otra copa que cuesta lo mismo que una comida completa y otro DJ contratado para que nadie se vaya temprano. Después de tantos eventos cortados con la misma tijera, uno empieza a sospechar que ya se las sabe todas.
Entonces llegó GEMA a San Miguel de Allende y me arruinó la teoría.
Durante cinco días, la ciudad se convirtió en una ruta de gastronomía, vino, mixología, arte y cultura. Hubo cenas de autor, tour por bares con cócteles especiales, exposiciones, diseño local, conciertos, fiestas y hasta drones que iluminaron mis pensamientos. El plan era recorrer San Miguel de punta a punta. La consecuencia: dormir poco, comer mucho y descubrir que hay nuevas y refrescantes razones para enamorarse de esta ciudad.
La primera Semana Internacional GEMA, que se llevó del 26 al 30 de agosto, contó con el respaldo de CANIRAC San Miguel de Allende, presidida por Héctor Aguilar Uriarte, y el apoyo del Municipio y del Gobierno de Guanajuato. La apuesta era convertir esos cinco días en una de las grandes citas anuales del destino, incluso durante la temporada baja.
Más de 25 activaciones, 270 prestadores de servicios involucrados, 150 habitaciones en cortesía para chefs y prensa, y una derrama económica estimada de 350 millones de pesos marcaron el debut. Nada mal para una primera edición.
Pero vámonos por partes. Una cosa son los números y otra sobrevivir a cinco días de comer y beber como si el lunes no existiera.
DÍA 1. VINO, ARTE, ONDA FOODIE Y DRONES

GEMA arrancó en Viñedo San Lucas, entre copas, paisaje y conversaciones que se alargaban solas. La artista Cecilia García Amaro presentó su obra e hizo una intervención en vivo; Yuranzi Silva exploró la mixología con vinos guanajuatenses, y el chef ensenadense Diego Hernández Baquedano puso almejas frescas sobre la mesa. También hubo quesos, embutidos, ronqueo de atún y platillos de cocineras tradicionales.
Plenilunio puso la música y, cuando parecía que la noche ya había cumplido, llegó el show de drones sobre el viñedo. Por primer vez, para mi, sacar el celular para grabar tenía sentido.
DÍA 2. CHEFS Y TRECE PARADAS PARA EL BAR HOPPING

La mañana estuvo dedicada a foros y masterclasses en el Hotel Pueblo Bonito Vantage, con chefs, mixólogos, enólogos y cocineras tradicionales. Después tocó comprobar si tanta teoría cabía en un plato.
Manolo Baños, de Pitiona, Oaxaca, encabezó una cena en Boca Ciega. José Luis Hinostroza, de Arca y Mira, en Tulum, hizo lo propio en La Baha by Aruma. Dos cocinas con personalidad y buenas razones para llegar con hambre.
La noche continuó con la Ruta Bar Hopping: 13 bares, 13 cócteles insignia y un recorrido por la vida nocturna de San Miguel.
Trece paradas. Trece tragos. Sobre el papel parece una idea brillante; al día siguiente puede generar preguntas sobre tus decisiones de vida. Hidrátate, come y no intentes convertir el recorrido en una competencia olímpica.
DÍA 3. ARTE, DISEÑO Y OTRA RONDA

La tercera jornada comenzó con desayuno en la histórica Hacienda Las Flores, siguió con la exposición de Cecilia García Amaro en Atrio y una comida norteña en Botanero Moritas.
Por la tarde, Tonana mezcló diseño local, pasarela y mixología. Una buena noticia para quienes creen que los festivales gastronómicos deben vivir encerrados entre manteles blancos y discursos sobre ingredientes de temporada.
Más tarde, Esteban Lluis, de Damiana, del Valle de Guadalupe, recibió a los comensales en Clévia con una propuesta acompañada de vinos guanajuatenses. Después hubo otra ronda de Bar Hopping y fiesta en Gen X, con música en vivo y un Dj que hizo que los asistentes sacudieran sus cuerpos como si no hubiera mañana.
GEMA permitía pasar de una hacienda histórica a una exposición, de ahí a una pasarela y luego a la barra. La única limitante era tu agenda —y tu capacidad para levantarte a la mañana siguiente.
DÍA 4. VINO, POOL PARTY Y CENAS AGOTADAS

El día arrancó en Raíces, con Vanessa Romero y un homenaje a la cocina mexicana de memoria. Después, el Jardín Principal recibió el Mercado del Vino, con bodegas guanajuatenses y productores regionales.
Fue uno de los grandes aciertos: poner los vinos de Guanajuato en medio de la ciudad, al alcance de residentes y visitantes, en lugar de dejarlos como tema exclusivo de una cata para iniciados.
La tarde siguió con una pool party y mixología de autor en Amelia Day Club, un spot con un paisaje alucinante, que parece haber sido arrancado del sueño de un empresario con hambre de fiesta. Para la cena había que escoger bando: Óscar Torres, de Animalón, en el Valle de Guadalupe, cocinó en Aperi; Zayr Huescas, de Casa de las Brasas y El Maldito, tomó Garnacha. Ambas cenas agotaron sus lugares.
El FOMO, en este caso, venía acompañado de un menú bastante serio.
DÍA 5. FIESTA DE CIERRE Y LA PROMESA DE VOLVER

El cierre comenzó con brunch en la espectacular Hacienda El Santuario, con un menú ejecutado por cocineras tradicionales. Después llegó el evento de despedida en Casa Dragones y, para rematar, la fiesta final en Amatte, con barra de ostiones, cócteles de la casa y DJ Hyde Clip.
Porque, aparentemente, la manera correcta de despedir cinco días de excesos gastronómicos es agregar ostiones y otra ronda de cócteles.
Parte del mérito de GEMA estuvo en repartir la acción por toda la ciudad. Hoteles como Real de Minas, Amatte y Los Picachos; restaurantes como Raíces y Agavia; bares como Gen X, y espacios culturales como Fábrica La Aurora y Atrio se sumaron al programa.
Hédoné Experience by Lincoln puso los traslados premium con Lincoln Nautilus y Navigator. También hubo descuentos para residentes, un detalle importante para acercar la programación a quienes viven en San Miguel durante todo el año.
La idea era conectar lo que la ciudad ya tiene —cocinas, vinos, artistas, mixología, hoteles y vida nocturna— y dar al visitante razones para recorrer sus calles, probar otra mesa y quedarse un rato más.
CINCO DÍAS DESPUÉS…

San Miguel ya tiene fama internacional y reconocimientos que la han colocado entre los grandes destinos del mundo. GEMA quiere sumar otra razón para visitarla: convertirla en una cita importante para quienes viajan siguiendo el apetito, la curiosidad y las ganas de encontrar algo nuevo.
Me fui con una conclusión incómoda para quienes ya creíamos haber visto todos los formatos posibles de festival: todavía se pueden hacer las cosas de otra manera. GEMA reunió gastronomía, enología, mixología, arte y cultura en una ciudad entera, sin limitar la acción a un solo recinto.
Si consigue convertir esa energía en una cita anual, San Miguel tendrá mucho más que otro festival en el calendario.
Yo llegué pensando que ya conocía demasiado bien esta ciudad y terminé buscando fechas para regresar.
Qué poca seriedad la mía. Cinco días bastaron para volver a caer.




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