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THE VIPER ROOM: ROCK, FAMA Y UNA NOCHE MALDITA

26 sept
6 min de lectura

Antes de convertirse en el club donde murió River Phoenix, donde tocaron Johnny Cash, Pearl Jam y Oasis y donde las noches podían terminar en cualquier cosa, el Viper Room fue la idea de un actor que quería escapar de Hollywood y regresar a la música.


Por Pepe Treviño


Johnny Depp ya estaba harto de que Hollywood le dijera dónde tenía que estar. En 1993 tenía 29 años, una carrera que había explotado gracias a 21 Jump Street y películas como Joven manos de tijera, pero también una relación cada vez más fuerte con la música. Tocaba guitarra, tenía amigos músicos y pasaba buena parte de sus noches en The Central, un viejo club de Sunset Boulevard que funcionaba en el mismo edificio que años después se convertiría en el Viper Room.

The Central no era precisamente un lugar de alfombra roja. Era un antro. Un sitio donde podías escuchar a Rickie Lee Jones, encontrarte con John Belushi, ver aparecer a John Entwistle en un palomazo de martes o terminar compartiendo barra con músicos que después llenarían estadios. El músico Chuck E. Weiss era uno de los personajes habituales del lugar y tocaba ahí con su banda, los Goddamn Liars. Sal Jenco, actor y amigo de Depp, también formaba parte de su círculo.



Pero Depp quería algo parecido, pero a su manera. En una entrevista publicada por Los Angeles Times pocos meses después de la apertura, explicó que no quería otro club donde los famosos fueran a desfilar. Quería recuperar algo del Hollywood antiguo, un lugar inspirado en los bares de los años treinta y cuarenta, con música y ambiente de viejo speakeasy. Incluso hablaba de tocar Fats Waller y Cab Calloway, música que, según él, ya casi nadie ponía.

El edificio le venía como anillo al dedo. El número 8852 de Sunset Boulevard había sido construido en 1921 y tenía una historia bastante más larga que la carrera de cualquier actor. Primero fue una tienda de abarrotes. Durante los años cuarenta el lugar quedó asociado a la vida nocturna del Sunset Strip y a personajes como Bugsy Siegel y Mickey Cohen. En 1951 abrió ahí el Melody Room, un pequeño club de jazz. Después llegaron otras vidas nocturnas hasta convertirse en The Central.



Depp y sus socios compraron el lugar en 1993. No lo convirtieron en una discoteca de moda. Lo oscurecieron, lo llenaron de detalles Art Deco y montaron un escenario pequeño. En la parte de atrás había un espacio privado escondido detrás de un espejo de dos vías. Abajo, una barra VIP. La capacidad rondaba las 250 personas.

Depp quería que sus amigos pudieran entrar al club sin sentirse perseguidos. También quería tocar. Su banda, P, estaba integrada por Sal Jenco, Bill Carter y Gibby Haynes, de Butthole Surfers, y estaba programada para tocar la noche de inauguración. Sin embargo, no alcanzaron a subir al escenario porque el programa se alargó y se terminó el tiempo.

El Viper Room abrió el 14 de agosto de 1993 con un cartel que reunió a Tom Petty and the Heartbreakers, Evan Dando, Maria McKee, Shane MacGowan y Chuck E. Weiss. Entre los invitados estaban Jim Jarmusch, Dennis Hopper, Quentin Tarantino y Tim Burton, además de varios de los actores cercanos a Depp. La fiesta recaudó fondos para la Starlight Foundation, aunque aquello tenía más de celebración entre amigos que de gala benéfica.

El Viper había nacido. Y durante unas semanas pareció exactamente lo que Depp había imaginado: un refugio para músicos y actores que querían estar juntos sin el circo habitual de Hollywood.



Entonces apareció Pearl Jam. No estaba anunciado como uno de esos conciertos gigantes que se organizaban para vender boletos durante meses. Fue una de las primeras apariciones sorpresa que comenzaron a darle al lugar una reputación especial. De pronto, si corría el rumor de que una banda importante podía tocar esa noche, había que ir a Sunset Boulevard y averiguar si era cierto.

El Viper empezó a funcionar así, como un pequeño club al que los músicos podían llegar sin pedir permiso y tocar sin que el tamaño de su fama importara.

Después llegó Johnny Cash, justo cuando estaba trabajando con Rick Rubin en el material que terminaría convertido en American Recordings. Se presentó en febrero de 1994 y tocó frente a un público conformado por Sean Penn, Dwight Yoakam, Juliette Lewis, Tom Petty y Depp. Cash interpretó canciones de aquella nueva etapa, incluida “Delia's Gone”.



Apenas habían pasado unos meses desde la apertura y el club ya tenía a Johnny Cash sobre el escenario.

Pero el 31 de octubre de 1993 había ocurrido algo que cambiaría para siempre la historia del lugar. River Phoenix llegó al Viper Room. Tenía apenas 23 años. Era uno de los actores jóvenes más importantes de Estados Unidos y aquella noche había llegado con su hermano Joaquin, su hermana Rain y Samantha Mathis. Durante la madrugada salió del club y se desplomó sobre la banqueta de Sunset Boulevard.

Joaquin llamó al 911. Los paramédicos intentaron reanimarlo, pero Phoenix murió poco después de llegar al hospital.

El forense determinó que había sufrido una intoxicación aguda por múltiples drogas. El Viper cerró durante una semana, pero cuando volvió a abrir, ya no era el mismo lugar.

Los fotógrafos comenzaron a estacionarse afuera. Llegaron los curiosos. La gente quería conocer el club donde había muerto River Phoenix. Chuck E. Weiss, uno de los propietarios, temía que el sitio dejara de ser un refugio musical para convertirse en una atracción de Hollywood.



Pero eso no pasó. La música continuó; incluso el Viper se volvió todavía más extraño.

En 1995, Oasis estaba en plena explosión mundial con (What's the Story) Morning Glory?. Después de tocar ante miles de personas en Los Ángeles, la banda terminó en el Viper Room. El escenario que había recibido a Pearl Jam y Johnny Cash ahora tenía a Noel Gallagher y compañía frente a unas cuantas centenas de personas.

Ese mismo espíritu permitió que Green Day tocara ahí en 1997 bajo el nombre de “Nimrod”, cuando todavía estaba preparando el disco que llevaría ese título. La banda pidió que no hubiera lista de invitados de la industria. Querían que entrara el público.

En el lugar estaban Johnny Ramone y Winona Ryder. Green Day tocó y el Viper volvió a hacer lo que llevaba años haciendo: reducir a una banda enorme al tamaño de un club.

Por ahí también pasaron Stone Temple Pilots, The Strokes, Iggy Pop, Queens of the Stone Age, Weezer y The Smashing Pumpkins, además de una larga sucesión de músicos que podían tocar en escenarios mucho más grandes y, sin embargo, seguían regresando a aquel cuarto de Sunset Boulevard.



Las jams eran parte del asunto. En el Viper podía aparecer Adam Duritz, de Counting Crows, atendiendo la barra y después terminar cantando con su banda. Los músicos se conocían, se cruzaban y subían al escenario. Sal Jenco lo resumió en una entrevista de 1996: “querían que el negocio funcionara como el salón de la casa de un amigo”.

La casa, claro, tenía una cantidad considerable de alcohol y cocaína. Las fiestas comenzaron a producir su propia colección de historias.

En una fiesta por el cumpleaños 21 de Kate Moss, Jason Donovan sufrió una convulsión relacionada con cocaína. Courtney Love contaría años después que tuvo una sobredosis cerca del club y que Depp la ayudó. Tommy Lee tuvo un enfrentamiento con un fotógrafo a la salida.

Y mientras las celebridades hacían lo suyo, las bandas seguían tocando.

En 1997, Michael Hutchence apareció en el escenario y cantó. Seis días después murió en Sídney. Aquella presentación terminó siendo su última actuación pública.



Depp vendió su participación en 2004. El Viper siguió cambiando de manos y de generaciones, pero mantuvo el escenario. Continuaron llegando bandas, desde nombres consolidados hasta músicos que apenas empezaban a hacerse notar. El lugar siguió siendo pequeño mientras Sunset Boulevard se volvía cada vez más caro.

Ahí está la parte más rara de toda esta historia. El Viper Room nació porque Johnny Depp quería escapar de Hollywood. Y terminó convirtiéndose en uno de los lugares más famosos de Hollywood.

Ahora el edificio vuelve a estar amenazado por el desarrollo inmobiliario. El proyecto que se ha planteado para el bloque contempla hotel, residencias, restaurantes y un nuevo espacio para el Viper Room. El viejo edificio, el mismo que comenzó como tienda de abarrotes hace más de un siglo, podría desaparecer.

Pero antes de que llegaran los renders, los hoteles y los inversionistas, aquello fue una tienda, un cabaret, un club de jazz, un antro de gánsters y The Central.

Y durante más de treinta años, cada vez que alguien empujaba la puerta del 8852 de Sunset Boulevard, podía pasar cualquier cosa.

 

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