UVA, VINO Y TRIBUTO A DIOS BACO: ASÍ FUE LA VENDIMIA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Actualizado: 10 oct
Más de 150 visitantes, 11 etiquetas de vino y una fiesta entre viñedos, olivos y lavanda. San Miguel de Allende puso el campo y Guanajuato, las tradiciones.
Hay que saber cuándo ponerse serios y cuándo arremangarse los pantalones para pisar uvas. El 26 de septiembre, La Santísima Trinidad celebró su vendimia en San Miguel de Allende con más de 150 visitantes, vino de la casa, gastronomía y una buena dosis de folclor guanajuatense.
La misión era celebrar la cosecha de la uva que dará vida a las 11 etiquetas de la casa. Para entender el asunto, los invitados se acercaron al proceso de vendimia y participaron en la clásica pisa de uvas: una de esas tradiciones que se disfrutan más cuando toca ensuciarse los pies y dejar la pose para después.
El escenario tampoco estaba nada mal. Viñedos hasta donde alcanza la vista, olivos, campos de lavanda y una celebración que mezcló el espíritu vitivinícola con el carácter festivo de San Miguel de Allende. Las estudiantinas pusieron la música; las mojigangas, el espectáculo; y las nieves de Dolores Hidalgo llegaron para recordar que Guanajuato también sabe refrescar la fiesta.

Entre copa y copa, la gastronomía acompañó los vinos de La Santísima Trinidad. El plan era recorrer, probar, comer y disfrutar del paisaje. Nada complicado: buena mesa, vino y campo abierto. A veces, el itinerario perfecto cabe en esas tres cosas.
La vendimia también convocó a invitados especiales, entre ellos Francisco Javier Chahuán Chahuán, embajador de Chile en México, acompañado de su esposa, y Sebastián Labra Grez, ministro consejero y jefe de Cancillería de la Embajada de Chile en México.
Más allá de la cosecha, la celebración pone sobre la mesa algo que Guanajuato viene trabajando con fuerza: su identidad vitivinícola. El vino se suma a la gastronomía, la cultura y la hospitalidad para convertir al estado en un destino que merece más de una escapada.
La Santísima Trinidad reúne viñedos, olivos y lavanda en un proyecto que combina vino, gastronomía, hospitalidad y experiencias rurales en San Miguel de Allende.
Y sí, el vino termina en la copa. Pero antes hay tierra, trabajo, uvas y una buena historia que contar.
La Santísima Trinidad. La magia de vivir entre viñedos.




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